martes, 20 de octubre de 2009

Comiendo al sol

Me lo encuentro a las afueras de un stand comercial: anuncian cocinas solares. Dan a conocer el invento a los curiosos y de comer a los gorrones que no pueden acabar el tiempo de elaboración de la paella que están acostumbrados a dar a todos los que trabajan en la vuelta ciclista. El invento merece cualquier atención: unas parabólicas hechas con láminas que recogen la energía solar para cocinar. Una idea sencilla que muy pocos habían reparado en ella. Tan sencilla que acabaría con muchas situaciones que evitan que muchos países se desarrollen: niños y mujeres que deben andar kilómetros para conseguir leña, tiempo que restan a una educación que les permita salir de la pobreza.

Mientras que en el tercer mundo se interesan por su uso y el invento les parece algo venido del futuro, en el primero los interesados y graciosos lo ponemos a prueba: "¿pero ya funcionará cuando llueva?" "¿pero, tarda más tiempo en cocer un caldo, no?...
Y enseguida comprobamos que el mensaje no lo hemos captado.

De las dos personas que lo venden, uno se dedica a cocinar y explicar su uso y el otro se mantiene en segundo plano, sólo habla de la filosofía del producto a aquellos que se preguntan porqué un invento como este no ha cambiado el mundo. Cuando hablas con él te das cuenta que el mundo cambia, aunque lentamente, por personas como él.. Un neo hippy que no saca de esta denominación "hagamos el amor y no la guerra", sino que predica con el ejemplo y adapta su economía a las necesidades básicas para servir al mundo, y no que el mundo le sirva a él.

Cuando me habla de sus proyectos, de su próximo viaje a sudamérica donde extenderá el mensaje de las cocinas con tribus que no han visto en su vida un móvil o un televisor, empiezas a entender que el mensaje de ese stand se aleja de lo comercial para acercarse a nuestras conciencias: ese descubrimiento resume la lucha de los grandes por la energía, y muestra donde están los dinosaurios, dominando el mercado del petróleo, y donde están los pequeños: intentando ser profetas con pequeños inventos que deberían dejar cambiar el mundo.

Pequeño pero grande. Aunque sea un trabajo de hormiguitas, al final siempre sobrevive a la cigala. Así lo cuenta la fábula, por algo será.

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